dijous, 25 de febrer del 2010

MI AMIGO DANIEL QUE NACIO EN MONTEVIDEO, ME MANDÓ ESTE "ALAMBRE" PARA ATAR LA VIDA AL SENTIDO COMUN...

La versión original (sin las modificaciones que sufrió en los últimos meses) corresponde al escritor uruguayo Marciano Durán y se encuentra en la página http://www.marcianoduran.com.uy/?p=430 a disposición vuestra (junto a un par de centenares de crónicas más) sin más requisito para utilizarlas que no modificar su contenido.

Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida.

No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos.

O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.

Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises.

Los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos… nuestros nenes… apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Sí, ya sé… a nuestra generación siempre le costó tirar.

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables!

Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra.

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plast de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!

La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza.

Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están jodiendo!

¡¡Yo los descubrí… lo hacen adrede!!

Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo.

Nada se repara.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommier casa por casa?

¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se deshecha y mientras tanto producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo.

Y no es que haya sido mejor.

Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el “guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo” pasarse al “compre y tire que ya se viene el modelo nuevo”.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya sí era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo.

¡Toooodo!

Lo que servía y lo que no.

Porque algún día las cosas podían volver a servir.

Le dábamos crédito a todo.

Sí… ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no.

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas de jardinera… y no sé cómo no guardamos la primera caquita.

¡¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?!

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos.

¡¡Cómo guardábamos!!

¡¡Tooooodo lo guardábamos!!

¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!

¡¿Cómo para qué?!

Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares.

Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.

¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos.

Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar.

Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón.

Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas!

Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más.

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables… eran guardables.

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.

Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.

Así como hoy las nuevas generaciones deciden “matarlos” apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada… ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron “Tómese el helado y después tire la copita”, nosotros dijimos que sí, pero… ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza.

Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.

No lo voy a hacer.

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.

No lo voy a hacer.

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo que la bruja me gane de mano … y sea yo el entregado.

Y yo…no me entrego.

Autor: Marciano Durán



dimecres, 24 de febrer del 2010

XXXI

S'inclouen en dos:
odiar qui va idear tanta matança
i estimar l'altri
més que a mi mateix.

La casa prop de la via , el turó ,Manacor ,1993

dimarts, 23 de febrer del 2010

EUGENI CASANOVA

No me'n puc estar de posar aquest article d'un periodista com n'hi ha pocs que fa uns anys va anar a Vladivostok i va tornar per a contar-ho...us recomano : Un viatge monstruós : amb tren pel Transsiberià i la Ruta de la Seda. Barcelona: La Magrana, 1997 i de pas que us llegiu la resta de la seva obra, panda de saberuts .


Traïdors i pluja fina

EUGENI CASANOVA

Obligació a la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió de dir Espanya i no Estat espanyol. Liquidació de Catalunya Cultura. Desballestament de la COM. Intents de suprimir la publicitat a Catalunya Ràdio per jugular-hi la competitivitat. Tancament de programes compromesos amb la causa catalana. Minimització fins a l’escàndol dels problemes d’infraestructures als Telenotícies, mentre passen reportatges sobre indígenes a Guatemala (9 d’agost) perquè no saben com omplir.

Programa de llibres on la majoria de referències culturals són hispanes. Lliurament de les freqüències de TV3 al País Valencià a La Sexta amiga, perquè el PP liquidi a plaer les emissions. Veto a la compra de Regió 7 per part d’El Punt: el donen a Prensa Ibérica. Pressió a les majors de Hollywood contra el doblatge de pel·lícules.

Globus sonda del president de la Diputació de Barcelona per començar a esmicolar els consells comarcals. Manament als fabricants de mòbils que no hi posin el català, quan ofereixen polonès o portuguès. 97 % de castellà en la publicitat de l’Estat a Catalunya.

Diada de Sant Jordi amb la vicepresidenta del Govern espanyol de convidada d’honor, per anar normalitzant el vassallatge. A la nit, especial musical a TV3 en castellà, per anar normalitzant-hi la substitució lingüística. Es posa el contestatari Paco Ibáñez perquè la cosa sembli progre. Preparades píndoles similars per a l’Onze de Setembre.

Subvenció de 35.000 euros per a una revetlla hispana de Fedelatina, la mateixa quantitat que reben totes les colles castelleres de Barcelona juntes.

Una hora més de castellà a l’escola (la ministra hi torna).
Imposició de Montilla al capdavant de tot per garantir el control. Hereu de batlle quan les eleccions passades va anar el vuitè a la llista, i el seu segon, Martí, el quinzè. Així, el castell de Montjuïc durà la bandera espanyola amb beneplàcit local. Desembarcament previst de Chacón i Sevilla a les generals sense ni tan sols consultar les seccions autonòmiques del partit.
Refús a revisar la sentència-farsa contra Lluís Companys.

Un sol enginyer per a les set principals obres estatals a la demarcació de Tarragona, de manera que es impossible avançar. Multa immediata de 12.000 euros al president de la Cambra de Comerç per posar rètols indicant l’estació del TGV (dit AVE). Vot negatiu al senat per aprovar el TGV entre Tarragona i Castelló a fi de jugular el corredor mediterrani, mentre n’hi ha previstos 11.000 quilòmetres de vies a tot l’estat. Tres anys més de retard del TGV a Barcelona perquè Madrid pugui arredonir el seu procés de vampirització .

Sabotatges i joc brut dels serveis secrets espanyols contra tot acte de la Federació de Patinatge. Setge al futbol sala català a la llunyana Iakútia.

Desinversió sistemàtica en tot. Homogeneïtzació sistemàtica en tot, excepte en els peatges, on es manté a consciència la diferència identitària.

És cada dia i en tota circumstància. De derrota en derrota fins a l’aniquilació total. Això sí que és pluja fina, i diluvi, i tornado. L’altra, la seguim esperant.
Ens ho venen com a tàctica, però els fets i no paraules evidencien que “els nostres” donen ple suport a la pedregada espanyolista. No només callen i, per tant, en són còmplices. S’han abocat a una tasca àrdua de justificació, distracció i aplicació de tanta vaselina com calgui. Ens inoculen que el desplegament de l’Estatut és ràpid, que el text solucionarà els problemes d’infraestructures o que el català és la llengua 88 del món -per davant del búlgar i del suec!-, quan passa el moment més crític de la seua història.

El més pintoresc ha estat el president del Parlament assegurant que allò eficaç és no fer escarafalls i treballar en silenci. Quatre dies més tard una enquesta revelava que només el 20 % de la població de Catalunya sap qui és ell i a què dedica el temps de feina. I tant en silenci!

Què n’obtindran a canvi? Un ministeri? La promesa de la poltrona de la Generalitat? Que se’ls quadrin els pobres Mossos? Tornar a manar sobre els pobres Mossos? Tornar a dirigir els comptes d’un govern misèrrim? Cotxes oficials? Sous llustrosos? Tot plegat és ben pírric i ben trist. Més aviat del que es pensen s’adonaran que Madrid no paga traïdors. Algú ja ho va tastar quan es va vendre l’Estatut.
[12/08/2007]